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“No quiero terminar así”, dice Cesc Fábregas tras su mal final en Mónaco

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La estrella española, Cesc Fábregas, de 35 años, campeón de Europa en 2008 y 2012 y campeón del mundo en 2010, hace un repaso para la AFP a sus tres años y medio en el Mónaco, que acaban “mal”, e indica querer “jugar todavía” antes de “convertirse en entrenador”.

Pregunta: Su historia con el Mónaco acaba mal…

Respuesta: “A nivel individual, termina mal, claro que sí. Todo jugador quiere jugar y sentirse bien en el equipo. Pero a nivel colectivo, contento porque tenemos una oportunidad buena para entrar en Champions, en el podio, que es el objetivo del club”.

P: Haber aceptado en enero de 2019 la propuesta de Thierry Henry, despedido un mes después de su llegada, ¿fue la buena elección?

R: “Tengo mi opinión. Tampoco se trata de decir todo. Vine con un objetivo muy claro: salvar al equipo, porque cuando llegué tenía 13 puntos en 19 partidos. Tomé un riesgo importante, tuve muchas dudas de venir aquí, porque el descenso era muy posible. Creo que ayudó mi presencia en esos seis meses. Marqué el gol ante el Burdeos, la primera victoria en mucho tiempo. Empatamos en Marsella (…)  Podemos estar contentos de cómo terminaron esos seis meses, de lo que aporté al equipo”.

P: El año siguiente también fue inestable…

R: El segundo año empezó difícil, luego mejoró mucho, para mí y para el equipo, con Robert Moreno. Estuvo mejor. Cuando estábamos mucho mejor se paró por el covid (…) Entre Niza (1-2, 7 de marzo 2020) y la vuelta contra el Reims (2-2, 23 de agosto), pasaron seis meses, es un tiempo importante, con un cambio de entrenador. Yo también me había lesionado en la pretemporada. Luego con Niko (Kovac, el entonces entrenador) comenzó bien”.

P: ¿Qué quiere decir?

R: “Disputé una treintena de partidos (20 en campeonato, 5 en Copa de Francia), sobre todo como sustituto. Recuerdo París, Brest, Lille, donde pasaban cosas. Tener ese impacto es siempre lo que busco. Llegamos al tercer puesto, que era importante. Estos dos años y medio fueron bien. Este último año ha sido muy malo, ha sido el peor de mi carrera, ¡con mucha diferencia! Nunca había vivido una cosa igual. El otro objetivo era ayudar al equipo a estar en el podio, espero todavía terminar en el podio”.

P: ¿Tiene alguna influencia en el vestuario?

R: “Cuando llegué, Thierry (Henry) y Vadim (Vasilyev, el presidente) me pidieron también que ayudara a crecer a los jóvenes. Era un punto importante. Lo que más orgullo siento es que tengo la sensación de su respeto, de su cariño. Que yo les quiero y ellos me quieren. Con casi todos tengo muy buena relación. Esto es importante. Ahora me voy, pero sé que voy a seguir hablando con ellos, que cuando en cinco años cuando vea a Diop, Fofana o Tchouameni en el Bayern o el Liverpool, será una cosa de orgullo”.

P: ¿Verlos e incluso entrenarlos?

R: “¡Ya se lo he dicho!, ¡Lo saben! (risas). Pero antes, quiero jugar todavía. No quiero terminar así, es un año muy malo para mí y quiero jugar, pasarlo bien, disfrutar, terminar con buenas sensaciones. A lo mejor el nivel (del club) debe bajar un poco (…) Yo lo que quiero es jugar, estoy abierto a todo. Hay muchos equipos, yo quiero seguir jugando y quiero un proyecto en el que se crea en mí. No solo ir a un sitio solo por ir y a ver qué pasa. Quiero las cosas claras. No cierro la puerta a nada. Estoy hablando con gente. Quiero escoger algo para jugar”.

P: ¿Durante cuánto tiempo jugará?

R: “No lo sé, el tiempo lo dirá. No quiero decir un año, o dos, o tres. Espero ser luego entrenador. Me apasiona mucho. Tengo cada vez más ganas de aprender, de estar preparado. Obtendré mis diplomas en España. Conozco a la gente. Ya he hablado con Andrés Iniesta sobre pasar el curso juntos”.

P: ¿Con la intención de mantener vivo al ADN del Barcelona?

R: “Tengo mi filosofía, mi estilo de fútbol. Pero si tienes un equipo que no tiene mucha calidad, no puedes hacerle jugar de una manera, tampoco soy tonto. Eso va a depender de donde estés”.

P: Le quedan entonces otros veinte años de fútbol…

R: “¡Treinta años más bien! Mi mujer ya lo sabe. Me pregunta ‘¿Cuando me ofrecerás la vida que me habías prometido?’ Y respondo: ‘¡Nunca!’ (risas). Le voy a dar seis meses para visitar mundo, a Tokio o donde sea, y después, ¡volveré a caer!”.

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