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Gracias al Mundial y pese a la crisis, los marroquíes vuelven a sonreír

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El Haj Mohamed, un conductor de triciclo de Salé, una ciudad portuaria cercana a Rabat, está muy animado desde que comenzó el Mundial de Qatar, donde brilla la selección de Marruecos.

“Este equipo nos ha hecho olvidarlo todo, las subidas de precios y todo lo demás. Mi estado de ánimo ha cambiado”, dice este hombre de 50 años, en un mercado de esta ciudad pegada a Rabat.

Igual que él, desde el comienzo del increíble éxito de los Leones del Atlas en el Mundial, los marroquíes de todas las clases han recuperado la confianza, e incluso el optimismo, a pesar del pesimismo económico que afecta a los más pobres en un país marcado por fuertes disparidades sociales y territoriales.

El propio rey Mohamed VI decidió salir a las calles del centro de Rabat tras el inesperado triunfo contra España en octavos de final.

Sin embargo, corren tiempos difíciles desde la crisis sanitaria de 2020-2021 y la guerra de Ucrania. La inflación es muy alta (+8,1% en un año), los precios de la gasolina alcanzan niveles récord y el coste de los alimentos se ha disparado.

A ello se añaden los efectos de una sequía sin precedentes en este país agrícola.

Sin embargo, desde que los hombres de Walid Regragui empezaron a jugar, ha vuelto a llover, lo que refuerza el sentimiento de ‘baraka’ (protección divina) que les acompaña. 

Marruecos ha vuelto “a los niveles de pobreza y vulnerabilidad de 2014”, debido a la pandemia del covid-19 y a la inflación, advierte un informe reciente del servicio de estadísticas marroquí (HCP).

Pero “gracias a Dios y al equipo, las cosas van a mejorar”, asegura Thami Halhuli, de 57 años, otra repartidor en triciclo de Salé.

Marruecos jugará la semifinal contra Francia el miércoles.

– Felicidad –

En el zoco de Asalihin, renovado recientemente, con terrenos de juego para los jóvenes de los barrios vecinos, Ayub, un vendedor ambulante que viste la camiseta roja de los Leones del Atlas, se siente “orgulloso de lo que han conseguido”, a pesar de las dificultades diarias.

“Qué alegría verles llevar la felicidad a árabes y africanos”, exclama, aunque lamenta no haber podido permitirse viajar a Doha.

Para el periodista e investigador en sociología del deporte Hicham Ramram, “el sentimiento de pertenecer al bando ganador aporta orgullo”. “Todos los marroquíes se identifican con Regragui [el portero], Bonu o [el centrocampista] Unahi y esperan tener el mismo éxito en todos los ámbitos”, asegura.

Este sentimiento de orgullo se explica por el hecho de que “el deporte, y el fútbol en particular, son el único campo en el que se puede vencer a países más poderosos económica o militarmente”, según el sociólogo.

En el propio Marruecos, incluso los activistas que se oponen a la normalización de relaciones con Israel, algunos con muy poco interés por el fútbol, se sorprendieron del recorrido de los jugadores marroquíes en el Mundial y de su solidaridad con la causa palestina.

Sin embargo, no todo el mundo quiere mezclar deporte y política.  

“Seguimos a la selección simplemente porque es bonito verla jugar”, dice Munir, un vendedor de telas de 31 años del mismo barrio de Salé. “Vamos a celebrarlo, aunque no ganemos la semifinal”.

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